TRES SEMANAS SIN DAVID
Por cuestiones de trabajo, voy a estar
casi 3 semanas sin ver a David. Qué largas van a ser¡¡¡
Dice David que está muy loco, como
una cabra, y yo le doy la razón porque hay que estar algo pirado para estar con
un tipo como yo. Pero qué se le va a hacer. El destino a veces es tan caprichoso.
Ahora David pasa por momento bajos,
esa clase de momentos en que da la espalda al mundo y deja que las malas ideas inunden
su cabeza. Se siente como desarraigado del mundo y todo le da igual. Es una sensación
de malestar, de irritabilidad que lo inunda, y entonces la emprende con todo lo
que encuentra, hasta que de nuevo el sosiego lo vuelve a invadir y de nuevo se
convierte en esa criatura dulce y buena que tiene tanto que dar.
Son temporadas. Todos más o menos
las tenemos y hay que saberlas torearlas para que no se nos lleven por delante.
Pero pronto llegará el día en que
estaremos juntos. Mirando el cielo, soñando con el futuro. Llenos de esperanza.
Mirándonos a los ojos, mientras suspiramos por algo que nos inquieta, pero que
a la vez nos alegra.
Hay quienes están mejor que nosotros,
pero también los hay que están peor, mucho peor. Por eso mismo no hay que tirar
la toalla antes de tiempo. Hay que esperar con paciencia a que vuelvan los tiempos
felices, y nos tendamos sobre la hierba, juntos, mirando el cielo, como esa preciosa
tarde en Siguenza.